
Los finales amor, son honestos, o al menos lo son cuando se desenlazan de una forma sana.
Agradezco a pesar de todo, que este sea nuestro caso.
La verdad es para mí, uno de los temas que más me interesan, que más me atraen.
La mentira solo puede traer cosas malas, la mentira está llena de contenciones, llena de automutilaciones innecesarias.
De la verdad solo pueden salir cosas buenas, la verdad nos sana.
Mentir es ser incongruente, mentirse a uno mismo es matador, suicida.
Tenemos nuestro mundo interno, al cual somos los únicos que tenemos acceso, y de por si solo representa la soledad pura. Se nos da la opción de compartir esta información con los demás en la medida que estimemos conveniente, a través de la expresión de nuestros pensamientos.
Tenemos una boca para hablar, una lengua acelerada para dejar salir desde nuestros adentros lo que somos. Con ella podemos besar y conectar mundos que hasta un punto anterior se habían mantenido paralelos.
Tenemos nuestro cuerpo para actuar, para defendernos, huir, sobrevivir. Pero también lo tenemos para acariciar dulcemente, para apretarnos posesivamente, para sentir el calor del otro, y para dejar ver lo que nos sucede.
Cuando las palabras y las acciones no coinciden, estamos viviendo en una mentira, en la mediocridad y el miedo.
Hoy te tuve por completo, sin la necesidad de tocarte un pelo. Tu cuerpo es mío hace ya mucho tiempo, tus ojos te acusaron innumerables veces. Tu inquietud y falsa paz me gritaron la verdad, me suplicaron la intervención, y me hizo, a través de ningún poder más que mi honestidad, sintonizarte, armonizarte, humanizarte.
Pues si, no todo salió como lo esperaba, pero al verte vivo, al sentirte fraterno, amigo, sin tapujos, doy un paso atrás y miro con un gran orgullo lo que formamos.
Ahora me perteneces en cuerpo y alma, sin la necesidad de llevarlo a lo carnal, y ahora siento que me entiendes por completo.
Sinceridad ante todo.










